17.5.10

cUANDO vIEJO




Voy a mandar mi vida a la mierda.
Voy a echarme a la calle, y criaré una barba con garrapatas.
Seguiré pintarrajeando cuadernos,
y un día, cuando sea viejo, los cambiaré todos por un bocata.

Y colgarán las páginas en una galería

y encantará a todos, con su olor a culo de vagabundo.
Me llevarán a su casa e invitarán a sus amigos,
y un día me harán una entrevista.
Y al día siguiente yo y mis garrapatas nos comeremos el mundo
(me refiero a la gente que lo habita).




3.6.08

pENSÓ...


...el muy imbécil.



26.3.08

lA pRINCESA dE lAS pELUSAS


" Ella es pequeñita, del tamaño de un tapón

Din din don, dubi dubi dubi

Pelusas y pelusitas hay siempre a su alrededor

Din din don, dubi dubi dubi

Chupa de su piruleta que nunca se acaba

Din din don, dubi dubi dubi

Mira alrededor y dice:

¿a qué jugaremos hoy...? "

canta distraída mientras vuela por la habitación.



6.2.08

lA pUERTA


Es lo que me pediste, una puerta. Para no echarme de menos. Por ella entras directamente a mi habitáculo. Desde donde estás.

No puedo explicarte cómo funciona con palabras (un conjunto de figuras geométricas imposibles que dan vueltas).

Tiene un entorno, se lo he puesto ahí sólo para que tenga uno. Es un callejón; en el suelo crece la hierba, y es tan largo como a ti te apetezca caminar.Puedes venir, mirar y volver; puedes entrar, darme un beso y marcharte.

O puedes quedarte.

En vez de mirilla, tiene una escotilla, para que puedas ver todos los ángulos (a veces me duermo en un rincón a los pies de la cama o me quedo en cuclillas en la esquina del armario).

La farola es muy fea, pero me salió sola. Como a tí te gusta idear lámparas, he pensado que cuando tengas un rato puedes hacerla tú. Yo me ocupo de los tornillos y la electricidad. Si quieres, en vez de farolas, te puedes inventar una luna. Yo me encargo de fijarla para que brille siempre, aunque llueva.

Porque llueve por lo menos tres días todas las semanas. Así entrarás mojada, te quitarás la camiseta, y yo me quitaré la mía para abrazarte. Por eso he puesto un toldo, y te he dejado un paraguas, para que no manches el suelo cuando vuelvas.

Hay una campana con un cordel, para llamar. Yo siempre dejo la puerta abierta para ti, pero a veces se me va la pinza y me encierro, ya sabes.

Deja los zapatos en la entrada.

Ten en cuenta que si no me avisas de que estás fuera, creeré que estoy solo, y puede que me veas haciendo el tonto: teniendo conversaciones conmigo mismo en voz alta, cantando en falsete o haciendo ruiditos agudos y graves alternativamente. Ese tipo de cosas.

Si estoy mirando al techo y sonriendo, probablemente estoy pensando en ti.

Si estoy sentado en un rincón llorando, muy posiblemente estoy pensando en ti.

Si estoy masturbándome, casi seguro, estoy pensando en ti.

Si me golpeo la cabeza contra la pared hasta sangrar, con toda seguridad estoy pensando en ti.

Estés o no estés, siempre estás.

Si vienes y no entras, pon una chincheta en la puerta. Para que yo sepa que has estado. Quiero esforzarme en ser transparente, pero necesito saber en qué lugar estás hurgando.

De todas formas, prefiero que te quedes.


5.12.07

27.11.07

..vEO....



Veo
moscas
rondando
alrededor
de tubos
fluorescentes
parpadeantes
proyectando
sombras
gigantescas
intermitentes
sobre
cuatro
paredes
apretadas
color
aséptico
y ninguna
puerta




12.11.07

iNSECTOS

Aquella mañana, despues de un agitado sueño, me encontré rodeado de pequeños y espantosos insectos.

Corrían frenéticos por todo mi cuerpo provocando un insoportable cosquilleo al que todavía no me he terminado de acostumbrar.

A la gente le genera curiosidad un tipo que convive con insectos.

Al principio intentaba acabar con ellos, pero al aplastarlos con la palma de la mano el charco que dejaban al reventar me congelaba la piel, y aún así no tenía la sensación de estar reduciéndolos.

Todo el mundo mantiene las distancias. Todo el mundo mira de reojo a un tipo cubierto de bichos.

Con el tiempo descubrí que emergen de una pequeña glándula viscosa y maloliente que nace detrás de mi oreja izquierda, un lugar al que nadie querría asomarse.

Nadie confiaría en un tipo enmarañado de pequeños artrópodos.

Por lo que yo tampoco confío ya en nadie. En nadie que no sean los insectos. A pesar de que son dudosas, tal vez oscuras, sus intenciones como consejeros. Pero saben como nadie usar el arma de la cercanía y la constancia.

Mandan mensajes encriptados dentro de un susurro incesante y caótico de alas que vibran y patas que chirrían. Me sugieren que dude de todo y que no confíe en la gente. Vigilan mi espalda y me advierten que alguien está mirandome. O me dicen: "actúa tranquilo, no hay moros en la costa".

Todo el mundo se siente incómodo al lado de un montón de insectos.

Todo el mundo evita mirarlos y finge extrañarse cuando hablo de ellos.